Escritos XXXIII

Cuando no hay leyes que difieran el discernir entre emociones
pocos se escapan de la caída que designa el azar,
algunos plantean la lucha, otros se resignan sin rechistar,
pero el reto no acaba ni aceptando el ultimo respirar.

•••••••

En el origen del olvido
florece entre espacios
el lenguaje de las huellas
que entre secretos guía
los desechos del ansia
demorando el despertar
de los seres incompletos
que distraídos emprenden
el retorno al vacuo renovar.

•••••••

Porque sin ti no puedo,
ni entiendo, ni existo,
luego pienso sin sentido,
dormida entre maleza,
vomito las lagunas
que apuñalan mi soledad,
es etéreo el sosiego
que aguarda el no aceptar,
el peso que sujeta
la inherencia entre el pesar
de la ceniza y la savia maldita,
que conquista la ironía
en silencioso tormento,
para ocultar el sinsabor
de aquello que quisiste acallar.

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