Escritos XXXI

 

Te espero cada noche como un pensamiento sin final, te duermo entre deseos sin tan siquiera poderlo disimular, contradictorias lagrimas caen sin cesar, pues solo tú y tus caricias salvarían mi corazón de este turbulento despertar. En lo extraño sientes calidez, pues tu me buscas sin saber-cómo-querer-sentir. Mis manos emulan tu llegada con desconcierto, mientras procuro calmar mi anhelo, ya que el cuchillo del amor fue suficiente para destrozarlo todo entonces, y demoro para que no se repita, aun con el profundo sueño de poder llegar a ver nuestra canción. Al menos por una vez deberían surgir las cosas con fluidez después de tanta culpabilidad escondida en caos. Con suavidad saboreo las que parecen últimas gotas de esperanza, sin responder ni acallar tanta fuerza perdida en calma, quizás fuera mejor errar como un fugaz destello que desvivir por una historia sin lugar.

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